El fin de la Civilización

El fin de la Civilización
Dave Eriqat

Traducido del artículo “The end of civilization”
Originalmente publicado en http://www.thepeoplesvoice.org/cgi-bin/blogs/voices.php/2008/07/02/the_end_of_civilization

Traducido por Patricio Chacón Moscatelli
7 de Julio de 2008 pachamos@gmail.com
Revisado por Pedro Landsberger W.

“Sin dinero o crédito, el gobierno sólo puede seguir existiendo a través de la fuerza.”

Tuve una agradable revelación hace unos días: no es el Presidente Bush el que está viviendo en un mundo imaginario, es la mayoría de sus críticos los que sí lo están. No soy un apologista de Bush -ni me gusta ni me disgusta. No es más importante para mí que una mosca que zumba afuera de mi ventana. Así que permítanme explicar mi razonamiento.

La gente analiza la invasión de Irak por Bush y la considera un miserable fracaso. ¿Pero un fracaso para hacer qué? ¿Democratizar Irak? ¿Eliminar el arsenal de Armas de Destrucción Masiva de Irak? ¿Reducir el terrorismo global? Si ésas hubieran sido, en realidad, las razones para invadir Irak, entonces la invasión tendría que ser clasificada como un fracaso. ¿Pero qué dirían si la razón real fuera afianzar los suministros de petróleo de Irak, quizás no para uso inmediato, y quizás ni siquiera para su uso por los Estados Unidos? Entonces la invasión de Irak tendría que ser juzgada como un éxito, una “misión cumplida”, por así decirlo.

O veamos el manejo aparentemente irresponsable de la economía doméstica por Bush. ¿Cómo no va a entender cualquier persona sensata que reducir los ingresos al mismo tiempo que se aumentan los gastos producirá déficits, y que esos déficits no pueden aumentar indefinidamente? Tarde o temprano esa deuda acumulada tiene que tener consecuencias. Bush parece estar actuando como si no hubiera un mañana. ¿Pero qué si realmente no hubiera ningún mañana, hablando financieramente? En ese caso, las políticas económicas temerarias de hoy serían no sólo irrelevantes, sino, de hecho, astutas. Lo que quiero decir es que, si uno sabe que no va a tener que pagar sus deudas mañana, entonces ¿por qué no pedir dinero prestado como un loco hoy? Si en efecto la civilización está acabándose, entonces ¿por qué no usar todo ese dinero prestado para acumular armas y recursos vitales, tales como petróleo?

Ahora bien, yo soy simplemente una persona cualquiera. He estado estudiando con cuidado los asuntos económicos, medioambientales y de la energía sólo por algunos años. No soy un experto. Aun así, he llegado a la conclusión que esa civilización que hemos conocido en el último siglo está condenada a morir. Nuestra manera derrochadora de vivir -caramba, ya el solo tamaño de nuestra población humana- es insostenible. Dondequiera que se mire se pueden ver señales de tensión en la Tierra, desde la extendida polución del aire, del agua y de la tierra, a la desaparición de la vida en los mares, al agotamiento de los recursos naturales. Algo tiene que ceder. Las cosas simplemente no pueden continuar así.

Si yo puedo darme cuenta, me imagino que el Gobierno de Estados Unidos, con sus miles de expertos de tiempo completo, probablemente también pueda. Ahora, si usted es el gobierno y sus expertos le dicen que la civilización como la conocemos está condenada, ¿qué hace usted? Bien, para los novatos, usted no se lo dice a la población de borregos. Eso precipitaría el pánico y produciría una fatalidad prematura que consumiría al gobierno junto con todo lo demás. Por sobre todo, el gobierno busca sobrevivir, así que usted mantendría la fachada de normalidad para beneficio de su población mientras usa todo el tiempo que queda para prepararse, tan sigilosamente como sea posible, para el ineludible futuro.

¿Qué será importante en ese futuro? Los recursos básicos -bienes de consumo o Commodities-, principalmente la energía, los alimentos y el agua. Todo lo demás es secundario. El dinero está muy abajo, en el fondo, en la lista de importancia.

Así que, usted, el gobierno, ¿cómo se prepararía para un mundo futuro en que los productos básicos serían los reyes? Asegurando hoy tantos de esos productos básicos como sea posible. De ahí surge la farra de instalación de bases militares, por el gobierno americano, en todas y cada una de las regiones ricas en recursos básicos del mundo. ¿Por qué cosas no se preocuparía? Por el dinero. La única preocupación que usted podría tener por el dinero es prevenir su fallecimiento prematuro. Por eso, los humos y espejos usados para pintar una imagen bonita pero falsa de la economía. Algunos argumentarán que el gobierno necesita algo más que sólo energía, alimentos, y agua para sobrevivir. Cierto, pero controlando el grueso de los productos básicos claves del mundo, todo lo demás puede procurarse, incluso la mano de obra humana y la lealtad.

Preparándose para el futuro fallecimiento de la civilización usted tratará de aumentar el poder del gobierno tanto y tan rápido como sea posible. ¿Por qué? Para mantener el control sobre aquellos recursos básicos, cada vez mas preciosos, e igualmente importante, para controlar a la gente -sobre todo la propia- por la fuerza, si fuera necesario. Visto de esta manera, la agresiva búsqueda de poder del gobierno durante los últimos cinco años tiene perfecto sentido. Irónicamente, el presidente Bush tuvo razón cuando, según se informa, se refirió a la actual Constitución de Estados Unidos, totalmente destripada, como un “maldito pedazo de papel.”. Eso es todo lo que es, de aquí en adelante.

Así que ¿en qué mundo de fantasía están viviendo los críticos de Bush? En el mundo imaginario en que la civilización puede continuar tal como ha sido en el pasado. Que podemos continuar mejorando el estándar de vida de todos en el mundo con sólo volver a un estilo de vida más igualitario y compartido, tal como el que disfrutamos entre la Segunda Guerra Mundial y mediados de los años setenta. Esta es una fantasía. La Tierra tiene límites finitos. Estamos empezando a comprender por fin este hecho con respecto al petróleo. Pero el agotamiento del petróleo es simplemente la primera de una serie de crisis que sucederán, a raiz de los límites finitos de nuestro planeta. El problema fundamental -y no es que yo sea maltusiano, que no lo soy- es que simplemente hay demasiadas personas en el mundo para que la Tierra las pueda sostener. Esta es la razón por la que los peces están desapareciendo de los océanos, por la que el suministro de petróleo es incapaz de mantenerse al ritmo de la demanda, por la que el globo está deforestándose, por la que especies de plantas y animales se están extinguiendo, por la que están por empezar las guerras por el agua. Quizás si la gente fuera más sabia y más deseosa de compartir, e implícitamente, menos codiciosa, podríamos sostener los más de seis mil millones de personas en la Tierra, pero, desgraciadamente, tal idealismo no describe a los seres humanos reales.

Lo que ha permitido que la población humana crecer hasta las enormes magnitudes que vemos hoy es el petróleo, el recurso que enfrenta el más grave peligro de agotamiento. A medida que el suministro de petróleo disminuya, en la ausencia de esfuerzos hercúleos para usar el petróleo más justa y eficientemente, un gran número de seres humanos se extinguirán. Antes de eso, los disparados precios del petróleo probablemente destruirán las economías de los países más dependientes de este producto, si no la totalidad de la economía mundial, intrincadamente interconectada. Esto es lo que quiero decir cuando hablo del fin de la civilización. Claro, la vida continuará. Pero no será nada parecido a lo que hemos estado acostumbrados a vivir. La vida será más parecida a aquella de la Edad Media, en que unos pocos señores muy ricos controlaban todos los recursos y poseían todo el poder, y el resto de la gente -los afortunados, de todos modos- eran verdaderos esclavos bajo el dominio de estos señores. Este estado de cosas existe hoy de muchas maneras, pero nadie se da cuenta de esto, salvo aquellos individuos más observadores. El futuro sobre el que yo estoy hablando, sin embargo, es considerablemente más espartano que el que las abejas obreras disfrutan hoy.

Yo creo que lo que estamos presenciando hoy es el inicio de una titánica y prolongada lucha por la supervivencia: entre los países, entre las civilizaciones, entre los gobiernos y sus pueblos. Es más, yo creo que la administración Bush es la primera en reconocer este futuro competitivo, lo que explica su conducta fundamentalmente diferente -aparentemente insensata- en comparación a las de administraciones anteriores. Los cortesanos favoritos de Bush, que incluyen a las corporaciones, están beneficiándose hoy y serán la nueva nobleza en la Nueva Edad Media que se aproxima.

La verdad y las distracciones

Los gobiernos del mundo, y el gobierno norteamericano en particular, no quieren que sus pueblos sepan la verdad. Los gobiernos normalmente terminan viéndose como entidades distintas de sus pueblos, y generalmente terminan compitiendo contra ellos. Esto es verdad para casi todos los gobiernos de la Tierra hoy en día, y es especialmente cierto para el gobierno norteamericano. Mantener lejos de la verdad al pueblo ayuda a un gobierno a lograr sus metas, porque si los pueblos supieran la verdad podrían exigir que el gobierno empezara a servirlos a ellos, realmente.

Una manera de mantener alejada la verdad de los pueblos, aparte del método favorito actual -de suprimirla, simplemente-, es alimentarlos con una dieta constante de fascinantes distracciones.

Las elecciones son una distracción de este tipo. Las elecciones despiertan las pasiones de la gente y la mantienen entretenida durante semanas o meses. Las elecciones incluso le dan a la gente la ilusión de estar participando, cuando, de hecho, las elecciones no significan absolutamente nada en un país como los Estados Unidos, en el que se deciden en base al dinero. Por supuesto, las elecciones son conducidas y legitimadas por los gobiernos.

El sexo es otra buena distracción, tanto los escándalos sexuales como los problemas sociales relacionados con el sexo. Observen cuánto provecho le sacaron los medios de comunicación a los escándalos por los abusos sexuales de la Iglesia Católica. En comparación, los abusos sexuales de los profesores de escuelas estatales exceden en número a aquéllos de la iglesia, pero no oímos ni una palabra de ellos, porque darían una mala imagen del gobierno, y los medios de comunicación cooperan guardando silencio. El sexo consentido entre adultos, que no debería ser asunto de nadie excepto los participantes, también atrae nuestra atención. Miren cuánta atención presta la gente a la homosexualidad. ¿Porqué tienen que meterse los demás? No deberían, obviamente, pero es un gran distractivo de las cosas importantes, tales como las políticas económicas del gobierno, el reverso de las de Robin Hood . Lo mismo con el aborto. El aborto es una cuestión personal de las personas involucradas. No es asunto de nadie más en la sociedad. Pero el gobierno atiza las llamas del debate sobre el aborto y eso consume la atención de la gente. Las enfermedades sexualmente transmisibles -las enfermedades en general- también son buenas distracciones y tienen el beneficio agregado de instilar miedo en la población.

El crimen es una distracción perenne. Incluso cuando las tasas de criminalidad estén disminuyendo, el gobierno parece dar realce a las estadísticas del crimen, haciendo parecer como si usted estuviera poniendo en riesgo su vida con sólo poner un pie fuera de su puerta. Por supuesto, “el crimen” alimenta las prisiones, y las prisiones dan poder al gobierno. Dados los beneficios que el crimen reporta al gobierno, no es ninguna sorpresa que el gobierno cree crímenes criminalizando conductas inofensivas tales como el uso de drogas o pagar a una prostituta.

La religión también es una distracción. Domésticamente, el debate de moda hoy trata sobre la separación de la iglesia y el estado. Realmente, no debería haber ningún debate. La Constitución de Estados Unidos es inequívoca: el Gobierno de Estados Unidos no reconocerá ninguna religión en particular. Fin de la discusión. No dice cómo puede tratar a la religión cada estado en particular, pero sí dice que todos los poderes que no estén prohibidos a los estados, pueden ser aplicados por los estados. En mi opinión, entonces, si un estado quiere reconocer una religión, puede hacerlo.

El “choque de civilizaciones” es quizás la más novedosa distracción, completamente artificial e ideada para eso. La antipatía Musulmán-Cristiana que hoy existe es una distracción religiosa y cultural. Hace décadas, cuando éramos prósperos, se nos enseñó a celebrar la diversidad cultural en nuestro planeta. Hoy, esa misma diversidad se alude como la explicación para el “choque de civilizaciones.” De acuerdo, las culturas diferentes son, claro, diferentes. Pero eso no significa que eso se transforme en un conflicto, y durante décadas no hubo ningún conflicto. Claramente, están atizándose las llamas de un conflicto cultural. ¿Por quién? Los gobiernos del mundo y los medios de comunicación. Por ejemplo, simplemente observe cómo los medios de comunicación y los gobiernos europeos conspiraron recientemente para provocar a los musulmanes con esas tontas caricaturas. El conflicto cultural no sólo distrae a las masas, sino que les proporciona una justificación creíble a los gobiernos para aumentar su poder, por ejemplo, para regular el tocado que se usa en las escuelas y para restringir la inmigración. Por supuesto, “el terrorismo” es el auxiliar perfecto a este choque de civilizaciones y sirve para intensificar la ansiedad en la población. ¿Cuántos actos de terrorismo son realmente cometidos en la actualidad por los gobiernos? Es imposible decirlo, pero son definitivamente más que cero, muchos más. Entonces ¿para qué un gobierno perpetra actos de terrorismo?. Para crear una distracción, para aumentar su poder, o para ambas cosas.

Algo que todas estas distracciones tienen en común son la colusión -intencional o incidental- entre el gobierno y los medios de comunicación. El gobierno parece estar involucrado en todas estas distracciones en grados variables, yendo desde meramente exagerar la importancia de algunas distracciones, a orquestar otras activamente. Y ninguna de estas distracciones podría distraer al público con éxito sin la participación activa, y la amplificación, de los medios de comunicación. Uno podría argüir que los medios de comunicación son atraídos naturalmente a informar de noticias sensacionalistas, como una polilla es atraída por una luz, y la mayoría de estas distracciones califica como sensacionalista. Pero no creo que sea pura coincidencia que los medios de comunicación gocen con estos temas cuando hay tanto traslapo entre los planes del gobierno y los de las corporaciones a las que pertenecen los “medios de comunicación.”

Ambas entidades buscan dominar, aprovecharse de, y controlar a la “gente corriente”. Y si la gente corriente es xenófoba, inculta y temerosa, se manipula fácilmente -casi siguiendo una simple fórmula- para que ayuden a minar su propio bienestar. Simplemente observen su apoyo a Bush, un líder que ha atacado sistemáticamente su estándar de vida, para no mencionar su libertades. Todo lo que Bush tuvo que hacer fue apretar los botones “religión,” “sexo,” y “cultura” para conseguir que reaccionaran como perros de Pavlov. Y todo este apretar de botones fue, por supuesto, alegremente ayudado por los medios de comunicación.

La Competencia por los Recursos

A nosotros los humanos nos gusta pensar que somos mucho más sofisticados que los animales “inferiores”. En tiempos y lugares de opulencia podemos permitirnos el lujo de preocuparnos por cosas tontas: qué películas ganarían premios Oscar, si nuestro cuerpo se ve bien en el gimnasio, o dónde pasaremos nuestras próximas vacaciones familiares.

Pero nuestra existencia todavía depende de esta ecuación fundamental:

supervivencia = alimentos + agua + abrigo.

En tiempos de escasez, como aquellos en los que vamos a entrar, esa ecuación se vuelve nítidamente clara.

La producción de alimentos hoy en día es altamente dependiente del petróleo. El petróleo hace que se mueva nuestra maquinaria agrícola, petróleo y gas natural son las materias primas de los pesticidas y fertilizantes comerciales, y el petróleo permite el transporte de los alimentos a los supermercados y ciudades. Hoy la comida viaja hasta 10,000 millas (16.000 km) desde donde se produce hasta el lugar en que se consume, lo que sería imposible sin el petróleo. El petróleo aumenta enormemente la productividad agrícola. Así que debido a nuestra gran disponibilidad de petróleo es que la población humana ha podido crecer al gigantesco tamaño actual. Se podría decir que los humanos comemos petróleo. Podríamos, por supuesto, producir alimentos sin el petróleo -excepto esas perversas creaciones, las semillas que están genéticamente diseñadas para requerir el uso de pesticidas derivados del petróleo- pero sin petróleo la producción de alimentos sería muchísimo menor.

El agua es un recurso que consideramos como si estuviera garantizado. Actuamos como si no hubiera ningún límite a los suministros de agua, y como si no hubiera consecuencias por su despilfarro. Estamos construyendo ciudades en lugares sin suministros de agua adecuados -Phoenix y Las Vegas vienen a la mente- y estamos agotando grandes depósitos de agua “fósil” no renovable, como el Acuífero de Ogallala en el Medio Oeste norteamericano. Así como estamos fallando al no planificar para los “días lluviosos económicos”, no estamos regulando nuestro uso del agua para prepararnos para una falta, literal, de días lluviosos. Pareciera que pensamos que los patrones de realimentación de agua permanecerán inalterados, una expectativa especialmente optimista si el clima de la Tierra está de verdad en medio de un cambio mayor. Pero la situación del agua es todavía peor en algunos otros lugares fuera de los EE UU. La distribución del agua es en parte dependiente de la energía, tal como lo es la producción de alimentos. Se requiere energía para bombear el agua de la tierra, para transportarla a donde se consume, e incluso para tratarla. Obviamente, la producción de alimentos es sumamente dependiente del agua.

Prácticamente no es necesario mencionar la importancia del petróleo, excepto para decir que, por primera vez en la historia, la curva de la demanda está sobrepasando la curva del suministro. Aún más, la curva del suministro comenzará pronto a descender y nos encontraremos perpetuamente a la caza de este suministro que declinará continuamente cuesta abajo. Cuando la demanda apenas exceda al suministro, el precio del petróleo aumentará. Pero cuando la demanda exceda al suministro y el suministro empiece a disminuir, entonces los precios realmente subirán, lo suficiente para destruir algunas economías o hacer poco práctico el transporte de alimentos y de agua a algunos lugares. Pero la diferencia entre la oferta y la demanda significa algo más que precios más altos. También significa escasez. Aquellos que puedan permitirse el lujo de comprar petróleo normalmente tendrán sus necesidades satisfechas, aunque a costos más altos. Pero aquellos que no puedan pagar el precio no contarán con él. Ocasionalmente, incluso aquellos que pueden permitirse el lujo de comprar petróleo caro estarán obligados a arreglárselas sin él, porque de tiempo en tiempo simplemente no habrá petróleo para comprar en el mercado global, al precio que sea. Imagínense que van a su estación de gasolina y ven un letrero que dice “Lo lamentamos, no hay gasolina”. Imagínense que van a su tienda de comestibles y encuentran los estantes vacíos, porque los camiones que llevan los productos a la tienda no tienen combustible diesel. Imagínense teniendo que usar un chaleco sobre otro dentro de su casa porque se vieron obligados a afrontar todo el invierno con sólo la mitad del combustible necesario para la calefacción. Estos escenarios hipotéticos se harán realidad y ocurrirán con frecuencia creciente, con el tiempo.

¿Qué va a pasar cuándo las personas tengan que competir denodadamente por los alimentos, el agua y la energía para sobrevivir? Yo pienso que va a ser una situación feroz. Mi opinión sobre la humanidad me hace suponer que ante tal adversidad, cada persona velará sólo por sí misma. Las comarcas competirán contra otras comarcas. Los Estados competirán contra otros Estados. Las ciudades competirán contra las ciudades vecinas. Los gobiernos incluso competirán contra sus ciudadanos. La civilización, en el sentido de la palabra “civilidad,” no existirá más. Quizás se estén preparando en secreto semillas genéticamente diseñadas para exterminar, así como uranio empobrecido y enfermedades exóticas, para reducir violentamente la población humana, como una manera de aliviar la competencia por los recursos.

Claramente, la invasión norteamericana de Irak es una de las salvas de apertura en las próximas guerras por los recursos. Y la beligerancia de USA hacia Irán es indudablemente debida a que Irán posee vastos recursos en petróleo y gas natural. Tengan presente que un país no necesariamente busca obtener el control de recursos vitales con la intención de consumirlos. El país que controla los recursos puede usar esos recursos como medio para obligar a otros países a comportarse de una cierta manera, o para comprar otros recursos naturales o bienes terminados, como armas y chips de circuitos integrados.

El fin del dinero

Los años setenta fueron la apoteosis del “Sueño Americano.” Incrustada entre la década precedente de inquietud civil y la subsiguiente década de recesiones, de rápido aumento de los sin casa y de despidos en masa, la de los setenta fue una década comparativamente idílica. Tuvo sus problemas, ciertamente -la estagflación, por ejemplo- pero aún así, cuando viví esa época, sentía que era una década especial. La vida era buena; la gente estaba contenta, era amistosa y tranquila; los shows de la televisión y las películas eran alegres; las libertades civiles estaban en su máximo; el poder gubernamental estaba en su mínimo; el país era próspero y estaban en su máximo las proezas industriales. No es una coincidencia que se construyeran los edificios más altos en EEUU durante los años setenta. Esos edificios eran íconos de la industria norteamericana y su poder. Aunque la Guerra de Vietnam bramaba durante la primera mitad de los setenta, ya venía disminuyendo, y finalizó a la mitad de esa década. El cese de la Guerra de Vietnam fue tanto un reflejo del deseo de la gente de “vivir y dejar vivir” como una derrota militar. El alistamiento militar también se acabó en esa década, e incluso la guerra fría se entibió debido a la detente.

Desgraciadamente, lo que no comprendimos en esos momentos era que nunca volveríamos a tener tiempos tan buenos. Los años setenta representaron un “punto de inflexión” para el Sueño Americano. Entonces fue cuando comenzó realmente la globalización y cuando empezó una seria declinación de la industria norteamericana, siendo el acero y las industrias automotrices las primeras bajas. Y, muy interesante: los años setenta también fue la década de máxima producción de petróleo en los Estados Unidos, el momento desde el cual fuimos crecientemente dependientes del petróleo importado, lo que aceitó nuestro descenso cuesta abajo. Lo que yo no comprendí hasta escribir esto fue lo crucial del papel que el Presidente Nixon jugó en la aparición de este punto de inflexión. Nixon abrió la puerta para comerciar con China, jugador mayor en la economía globalizada de hoy. Nixon desacopló el dólar norteamericano del oro, facilitando la destrucción de la riqueza a través de la tenaz desvalorización del dólar. Nixon lanzó la guerra contra las drogas, precursora de la actual guerra contra el terror (¿o es la guerra del terror?, no sabría decir cual es la versión correcta). La guerra contra la droga y la guerra contra/del terror consumen nuestra riqueza para servir las ambiciones imperiales del gobierno norteamericano, pero no contribuyen en nada a la producción de riqueza para el país.

En la década de los ochenta nos gastamos sistemáticamente la riqueza previamente acumulada, principalmente a través del mecanismo de la “Manía de la Fusión.” Los ochenta fue una década de marcado declive industrial y económico, que se disfrazó en gran medida soltando a la economía algo de la riqueza estrujada de estas fusiones, así como por una masiva acumulación de deuda. Las transformaciones de los años ochenta también introdujeron un nuevo componente: la inyección de riqueza extranjera al país. Muchos de los activos vendidos en los ochenta fueron comprados por extranjeros, sobre todo por los japoneses, una tendencia que se aceleró hacia la última mitad de la década, resaltando la declinación económica de los EEUU. Los años ochenta también marcaron la invención de la mítica teoría de la “economía de servicios” para justificar la lucrativa exportación de puestos de trabajo norteamericanos. La economía es como una pirámide. En la base de esta pirámide está la verdadera fuente de la riqueza: los recursos naturales -la riqueza gratuita que nos dan la Tierra y el Sol-. La explotación de minerales y energía, la agricultura, la pesca, y la silvicultura son la fuente de toda otra riqueza. Por encima de esta base están las industrias que utilizan sus productos. Estas industrias de segundo nivel consisten principalmente en fábricas que toman materias primas y producen cosas de mayor valor. Sobre los fabricantes están las compañías que les sirven, incluyendo las oficinas de abogados, las agencias de publicidad, las compañías navieras, las aerolíneas, los hoteles, los restaurantes e incluso la industria de la entretención. A medida que la riqueza asciende por esta pirámide, un poco de ella, en la forma de sueldos y ahorros, va quedando en cada nivel de la pirámide. El mito de la economía de servicios, la querida teoría de los años ochenta, es que un país puede retener la cima de la pirámide y externalizar la base. Durante las últimas tres décadas hemos transferido gran parte de la base de esta pirámide económica a países como China e India, y de hecho, inicialmente, el dinero siguió fluyendo a la cima de la pirámide, que permanecía en los Estados Unidos. Pero después de un cierto tiempo, una nueva cima de la pirámide empezó a formarse en esos países adonde habíamos enviado la base. Y de eso da testimonio hoy día no sólo el éxodo de empleos de alta tecnología a China e India, sinó que en esos países están empezando también a florecer empresas exclusivamente de servicios, como las agencias de publicidad.

Los noventa fueron un período de gran aceleración, tanto de la globalización como del declive económico de los Estados Unidos, todo esto ayudado e incitado por tratados tales como el NAFTA, el GATT, y el WTO .). De nuevo, este masivo declive fue enmascarado por la ilusión de riqueza que persistió durante la gran burbuja de la bolsa de valores de la última la mitad de los años noventa. Como la manía de las fusiones antes de ella, la burbuja de la bolsa de valores atrajo mucha riqueza desde el exterior. Otro poco de riqueza –previamente acumulada- se extrajo del aumento de la productividad humana en los Estados Unidos durante los años noventa.

Finalmente, los 2000 representan hasta ahora una era masivamente dependiente del ingreso de riqueza extranjera. Con nuestra riqueza previamente acumulada agotada ahora, y con los pocos medios que quedan para la fundamental producción de riqueza, casi lo único que mantiene a flote la economía norteamericana por estos días es el gasto de los consumidores y el gasto basado en el déficit por el gobierno, ambos financiados por una creciente montaña de deuda con el exterior. Los Estados Unidos se han reducido básicamente a una nación de gentes que se venden hamburguesas entre ellos, mientras los extranjeros pagan los cheques. Las ventas de activos al extranjero continúan igual, siendo dos prominentes ejemplos recientes la fallida oferta de compra china por Unocal y el contrato vigente de Dubai para administrar algunos de nuestros puertos marítimos.

Durante los últimos treinta años, en Norteamérica hay dos claras e inmutables tendencias: el continuo agotamiento de la riqueza existente y la declinación de los medios para producir nueva riqueza; y el firme surgimiento de un Gobierno Norteamericano imperial.

Hoy en día los desequilibrios en la economía de Estados Unidos son tan inmensos que no veo cómo podrían corregirse airosamente. Aun más asombroso me parece que haya gente que siga comprando instrumentos financieros como los Bonos del Tesoro Norteamericano. Estos inversionistas ¿realmente creen que les van a devolver su dinero alguna vez en la vida? La deuda nacional es tan grande que pagarla es casi imposible, especialmente cuando no hay ninguna voluntad política para aumentar los impuestos o reducir el gasto. Obviamente, el gobierno estadounidense sabe que no puede cancelar la deuda nacional, y es por eso que confía secretamente en la desvalorización del dólar para reducir el valor de dicha deuda.

Es sólo una cuestión de tiempo para que la mayoría de los inversionistas en instrumentos financieros denominados en dólares abran los ojos y dejen de comprar esos valores. Cuando eso pase, el dólar estará condenado a muerte. Cuando el gobierno no pueda seguir pidiendo dinero prestado, no le quedará más recurso que imprimir dólares, lo que sólo acelerará el fallecimiento del dólar, y de pasada, incluso provocar hiperinflación.

Si sigue la escalada estratosférica de los precios del petróleo debido al desajuste entre el suministro y la demanda globales, y eso daña la economía norteamericana, eso también podría acelerar el fallecimiento del dólar. Yo personalmente no veo cómo el dólar puede evitar una sustancial desvalorización, ya sea lenta o rápida. Espero que la declinación sea gradual.

Los dineros emitidos por todos los gobiernos del mundo están en aprietos similares. Ninguno está firmemente respaldado por algún recurso físico finito, como el oro. Por consiguiente, todos las monedas tienen el potencial de padecer una desvalorización, aun más cuando las economías de los países del mundo están tan intrincadamente unidas. Si una moneda colapsa abruptamente, sobre todo una importante como el dólar, todas ellas podrían venirse abajo.

Adicionalmente, la fe en las monedas del mundo depende en parte de la globalización. La voluntad de un inversionista de Japón para comprar dólares norteamericanos depende en parte de la expectativa del inversionista de una continua relación económica entre Japón y Norteamérica. Pero en una era dónde el comercio global está cada vez más en riesgo de sufrir la escasez de petróleo, la fe en las monedas de otros países también disminuirá. Los países preferirán crecientemente realizar su comercio internacional utilizando medios universales como el oro en lugar de dinero.

Si monedas como el dólar pierden su valor, incluso el comercio local puede llegar a hacerse usando oro u otros metales preciosos. Este comercio podría, de hecho, tener que realizarse en el mercado negro, ya que los gobiernos afectados por penurias financieras probablemente tratarán de confiscar todo el oro y los metales preciosos de sus ciudadanos.

La conclusión es que el dinero emitido por el gobierno será una cosa del pasado. Entonces ¿cómo continuará existiendo el gobierno?

La adquisición de recursos

Sin dinero o crédito, el gobierno sólo puede continuar existiendo a través de la fuerza. El gobierno de Estados Unidos está particularmente bien dotado en este aspecto y ha demostrado su voluntad de usar la fuerza para adquirir recursos, y además, no como la última opción.

El petróleo de Irak es el primero de tales recursos en ser adquirido por la fuerza militar. El petróleo y el gas natural de Irán bien pueden ser los próximos. A la larga, las regiones ricas en energía del Asia Central también atraerán la mirada hambrienta del Imperio norteamericano. Claro, otros países poderosos, poblados y hambrientos, como China e India, también tendrán sus planes para estas regiones ricas en energía, lo que probablemente conducirá a guerras significativas. Es posible que el petróleo del Oriente Medio se vuelva tan valioso que los países tendrán que proveer de escolta militar a cada barco petrolero cargado en alta mar.

Domésticamente, la energía será controlada por el gobierno. Va a satisfacer primero sus necesidades, luego, en segundo lugar, las de las corporaciones, y el populacho estará obligado al racionamiento de lo que pueda quedar.

Los alimentos también son críticos para el gobierno, ya que está formado por personas. Así que es lógico suponer que el gobierno, en algún momento, tomará el control de la producción de alimentos. Como con la energía, el gobierno satisfará sus propios requerimientos primero, y el populacho tendrá que aceptar el racionamiento de lo que vaya quedando.

Si el agua se pone escasa o poco segura, entonces podemos suponer que el gobierno tomará también su control.

En un futuro en que el dinero no tiene ningún valor, la única manera de que un gobierno pueda controlar a la gente es proporcionándoles alimentos, agua, y resguardo. De hecho, en un mundo futuro en que la competencia por los recursos esté a la orden del día, probablemente la gente ansiará tener un trabajo gubernamental -como burócrata, obrero, o soldado- simplemente porque significará tres comidas seguras al día y un techo sobre su cabeza.

Por supuesto, un gobierno no sólo necesita comida, agua, y resguardo. El gobierno necesita armas, vehículos, computadoras, sistemas de comunicación, y una miríada de otros artículos manufacturados. Algunas de estas cosas son totalmente fabricadas en otros países, o dependen en parte de componentes importados. Sin dinero el gobierno no puede comprar estas cosas. Pero puede intercambiar recursos preciosos, como petróleo, agua y alimentos para obtenerlos. Algunas fábricas domésticas críticas, como las de armas, pueden ser puestas bajo el control del gobierno en su conjunto, por razones de seguridad.

Trabajo esclavo

El gobierno no puede operar exclusivamente con recursos y materiales. También necesita mano de obra. Algo de esa mano de obra puede “comprarse” a cambio de recursos. Pero para que el gobierno opere “lucrativamente” tendrá que emplear mano de obra esclava, es decir, mano de obra que no tenga que pagar muy caro.

Ya tenemos un precedente para esto. Muchos de los dos millones de personas actualmente encarceladas en este país son verdaderos esclavos. “Ganan” entre veinticinco centavos y un dólar por hora, trabajando a menudo para las mayores corporaciones norteamericanas. Pero en algunos casos, a estos pobres prisioneros se les cobra el cuarto y gastos de administración por estar en la prisión, barriendo así sus minúsculos ingresos. En efecto, como están obligados a trabajar sin que tengan ningún ingreso neto, son esclavos. No es difícil imaginar a futuros obreros esclavos trabajando en fábricas que producen de todo, desde ametralladoras a computadoras, o trabajando en granjas agrícolas para producir alimentos, volviendo cada noche a dormir en sus celdas de la prisión.

Los militares de Estados Unidos están explorando en este momento maneras de utilizar prisioneros civiles para satisfacer las necesidades de mano de obra de las fuerzas armadas. Es sólo cuestión de tiempo para que encuentren una justificación para hacerlo.

Una vez que el esquema de utilizar trabajadores esclavos se establece -todo bien hecho y legal, por supuesto-, es bastante fácil aumentar el conjunto de potenciales trabajadores, según se necesite. El gobierno sólo tiene que criminalizar más conductas. ¿Lo sorprenden conduciendo su automóvil en el día “equivocado”? Tres meses en prisión cargando cartuchos para armas. ¿Cogido poseyendo monedas de oro? Seis meses en prisión armando computadoras. ¿Lo detectan diciendo cosas “subversivas” por teléfono a su tía? Cinco años en una granja-prisión –para cada uno de ambos- cuidando las cosechas. Por supuesto, las sentencias a prisión probablemente irán acompañadas de confiscación de bienes, en el caso de que usted tenga algo que necesiten las autoridades gubernamentales. Ya existen hoy precedentes también para la confiscación de bienes, incluso para ofensas menores, tales como pagar una prostituta o fumar un cigarrillo de marihuana en su automóvil. Caramba, hoy en día, el sólo andar en un aeropuerto con “demasiado” dinero en efectivo en su poder puede significar su confiscación.

Conclusión

Aunque este ensayo ha sido principalmente una descripción de los Estados Unidos y su futuro, mucho de lo dicho es aplicable al mundo en su conjunto. Algunos otros países pueden enfrentar en el futuro tiempos aun peores, porque no cuentan con los recursos naturales y/o la fortaleza militar que tienen los Estados Unidos.

El objetivo de este ensayo no es proponer soluciones a los muchos problemas que enfrentaremos, aunque hay soluciones, sino que para explicar la conducta aparentemente irracional que vemos en todo el mundo. Observando hoy el mundo a la luz de este ensayo, las acciones de Bush son entendibles, aunque yo no las apruebe: la búsqueda competitiva de recursos, la reducción de las libertades civiles, el descuidado manejo de la economía.

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2 de Julio de 2008 Copyright © by Dave Eriqat. Visite sus sitios:
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One Response to El fin de la Civilización

  1. EG dice:

    Es imprescindible leer este ensayo para seguir entendiendo el POR QUÉ de los hechos del pasado, del presente y del futuro..!
    Tomemos recaudo.
    Saludos.

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